México innova con microcirugía que restaura la sensibilidad tras el cáncer de mama

2026-10-05 03:19:29 - MUNDO

Sobrevivir al cáncer de mama es el primer gran objetivo de la medicina, pero la calidad de vida que sigue tras el diagnóstico es igual de determinante. Tras una mastectomía —incluso en aquellas técnicas modernas donde se conserva la piel y el complejo areola-pezón— ocurre una consecuencia casi inevitable: al extirpar la glándula mamaria, los diminutos cables nerviosos que transmiten las sensaciones al cerebro quedan cortados.

El resultado es un impacto funcional silencioso. Cerca del 90% de las pacientes con preservación del pezón pierde la sensibilidad en la zona. Aunque la reconstrucción con implantes o expansores ofrece un resultado estético destacado, la falta de señal nerviosa hace que muchas mujeres perciban el seno reconstruido como un objeto adosado a su cuerpo, carente de vida.

Ante este reto, la microcirugía reconstructiva en México abre un camino innovador mediante la neurotización del pezón: un procedimiento diseñado para reconectar el sistema nervioso periférico y devolver la sensibilidad.

Para comprender cómo funciona esta restauración, hay que observar el "mapa" con el que el cerebro interpreta el cuerpo. La piel humana está dividida en zonas sensitivas delimitadas denominadas dermatomas. En la región del tórax, el encargado de llevar las señales de dolor, temperatura, presión y tacto desde la areola y el pezón hasta la médula espinal y la corteza cerebral es el cuarto nervio intercostal (T4).

En el mapa cerebral conocido como el homúnculo sensitivo, la representación del pezón ocupa un espacio sumamente específico e identificado. Cuando ocurre la mastectomía y se coloca un implante mamario, la distancia anatómica impide que el cabo de ese nervio T4 llegue por sí solo a la piel.

La técnica desarrollada por el equipo del doctor José Eduardo Telich Tarriba, cirujano plástico mamario, resuelve esta distancia mediante un puente biológico: se localiza el nervio T4 saliendo del músculo pectoral y se utiliza un segmento del quinto nervio intercostal (T5) del propio paciente como una suerte de "cable de extensión". Este injerto rodea el implante hasta conectarse con la piel de la areola.

El especialista explica a este medio que a diferencia de los protocolos en países como Estados Unidos, donde se emplean injertos nerviosos cadavéricos de costo elevado, el uso de tejidos autólogos (propios del paciente) reduce los costos y permite que la técnica pueda llegar a ser viable en el sistema de salud público nacional y en centros especializados como el Hospital General "Dr. Manuel Gea González" y el FUCAM, espacios que han apoyado estos avances en el país.

Telich Tarriba argumenta que la reconexión quirúrgica del nervio es solo el primer paso; el proceso de volver a sentir requiere un fenómeno biológico de tiempo y adaptación, pues los axones nerviosos regeneran a una velocidad promedio de un milímetro por día. Esto implica que el proceso de recuperación sensitiva evoluciona de forma paulatina:

Fase de protección (3 a 6 meses): Reaparece la sensibilidad protectora. El cerebro vuelve a registrar señales de dolor o calor extremo, un mecanismo vital que evita quemaduras por agua caliente o rozaduras severas con la ropa.

Fase de detección táctil (6 a 12 meses): La paciente comienza a percibir el tacto fino, la presión suave y las variaciones de temperatura.

Integración erógena y emocional (12 a 24 meses): La regeneración alcanza su etapa de maduración. Apoyado en la plasticidad cerebral —la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones y aprender a interpretar de nuevo las señales de una zona reestructurada—, el seno deja de sentirse ajeno y se integra de nuevo a la vivencia corporal y a la intimidad.

El especialista comparte que a diferencia de las lesiones nerviosas motoras —donde los músculos se atrofian si no reciben señal en cierto tiempo—, los receptores sensitivos de la piel permanecen viables. Por ello, la neurotización puede realizarse de forma inmediata durante la misma cirugía de mastectomía o en intervenciones tardías, incluso cuatro o cinco años después.

"Los nervios intercostales corren protegidos entre las costillas, lo que resguarda su anatomía. El factor principal que puede limitar la cirugía es el antecedente de radioterapia intensa, debido a la rigidez que genera en los tejidos".

Este avance técnico no solo impacta en el quirófano: ha sido incluso documentado por cirujanos mexicanos en publicaciones de alcance internacional indexadas en PubMed, como el Journal of Plastic, Reconstructive & Aesthetic Surgery (JPRAS).

De acuerdo con Telich Tarriba, el principal reto para extender el acceso a esta cirugía en México no radica en la infraestructura técnica —ya que puede ejecutarse con lupas de magnificación quirúrgica sin requerir microscopios de alta gama—, sino en la formación de recursos humanos capacitados en cirugía de nervio periférico.

El especialista asegura que además hay una necesidad de consolidar registros internacionales prospectivos y estandarizar las escalas de medición de la sensibilidad para generar mayor evidencia clínica a largo plazo.

Por ahora las publicaciones mexicanas sobre estos hallazgos en la literatura médica internacional reafirman que el tratamiento integral del cáncer de mama en México debe abarcar no solo los indicadores de sobrevida libre de enfermedad, sino también la plena restitución de la calidad de vida y la integridad física de las pacientes.

Para consultar el trabajo recién publicado se puede consultar la siguiente liga: https://www.jprasurg.com/article/S1748-6815(26)00519-X/abstract

Para saber más sobre el procedimiento: https://www.resensation.com/resensation-surgical-technique/

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